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DEMOCRACIA Y CORRUPCIÓN

Carlos Angulo Parra.- Que no se malinterprete lo que voy a decir, pero considero que la apertura democrática provocó el aumento exponencial de la corrupción en México. Esto de ninguna manera significa que este autor esté en contra de la democracia, al contrario, con todas sus imperfecciones y formas de manipular la voluntad popular, creo firmemente que la democracia es el camino para el logro del bien común, que es el ideal de la política.

Tampoco quiero que de ninguna manera se entienda que estoy a favor del sistema autoritario existente en nuestro país a partir de los gobiernos revolucionarios. Pero lo que sí puedo afirmar es que antes del advenimiento de la apertura democrática en México, la corrupción estaba acotada a las grandes esferas del poder, y aunque sí causaba grandes carencias e injusticias, hoy en día, con la volatización de las estructuras del poder resultante de la apertura democrática, la corrupción se ha generalizado de tal forma, que el Estado está perdiendo funcionalidad en su más estricto sentido de justificación de su existencia.

Considero que al haberse destruido el sistema piramidal de poder existente en el Siglo XX, se dispersó el poder principalmente hacia la periferia de los estados de nuestra Federación, convirtiéndose en cotos feudales que no siguen en última instancia ninguna directriz de orden. Con ello, los primeros efectos han sido devastadores en el tema de seguridad pública, que en algunas regiones del país se ha convertido en un problema de seguridad nacional, en donde las instituciones han perdido su capacidad de regular lo más mínimo de la convivencia social.

Así tenemos vastas regiones del país, como la sierra de Chihuahua, Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, Guerrero, grandes áreas del Estado de México, Morelos y áreas de Coahuila y Nuevo León, en donde impera la ley del narco. Esto nos ha traído la peor forma de corrupción que hay, que es que las propias autoridades e instituciones del Estado sucumban al dominio de los criminales, perdiéndose en esas áreas auténticamente la soberanía nacional, ya que quienes dominan no son las instituciones del Estado que representan al pueblo, sino grupos de criminales que representan su ley de sangre y fuego.

Al destruirse la intervención piramidal que existía salieron estos gusanos que estaban controlados por la fuerza del Estado autoritario. Al destruirse la supervisión, alineamiento y sujeción de los gobernadores al presidente de la República, se generaron pequeños cotos de poder sin control, ni de la ley ni de ningún ordenamiento o sistema de sujeción, generándose miles de sujetos depredadores de los bienes públicos, que además han venido siendo alimentados con la voracidad de los gobernadores que nos sumergieron en un mar de deudas, con cargo a todos los ciudadanos.

Entonces, ¿qué debemos de hacer para acabar con este caos que nos está hundiendo como país? ¿Debemos regresar a ese sistema autoritario que teníamos? Claro que no, lo digo enfáticamente. Además de que en este Siglo XXI, y después de la apertura democrática que hemos tenido, es prácticamente imposible regresar a ello, debemos de tomar el ejemplo de los países exitosos en el mundo, que cuentan con democracias desarrolladas y consolidadas, que históricamente llevan muchos años en estabilidad.

Ese es el camino, instaurar un auténtico Estado de Derecho con instituciones fuertes, haciendo a un lado los favores, los “hazte de la vista gorda compadre” y entrar de lleno al orden que genera el progreso. Pero el primer paso para lograr eso es expulsar a los gobiernos que son corruptos por diseño institucional y no por falla funcional. Esos gobiernos, considero que son los que ahora intentan regresar al autoritarismo, pero separados del presidente de la República, esos gobiernos de los Duartes en Chihuahua y Veracruz, de los Moreira en Coahuila, de los Borge en Quintana Roo, de los de Atlacomulco en el Estado de México y en la Presidencia de la República.

Sin embargo, para poder expulsarlos, es necesario que la auténtica oposición se unifique y que una vez expulsados, a los gobiernos entrantes no se les deje solos, que los ciudadanos exijamos rendición de cuentas, que nunca más se permita que los gobiernos sean los principales clientes de los medios de comunicación porque generan dependencia y control. Es necesario exigir transparencia y gobiernos abiertos y que los famosos poderes fácticos de una vez por todas realicen un pacto de institucionalidad, desterrando su asociación incestuosa con los poderes públicos. 

Al hacer esto, el primer efecto sería el abatimiento de los costos de hacer negocio, al generarse condiciones de orden, certeza y seguridad. Esto en primer término tendría como efecto el abatimiento de la pobreza al haber condiciones para el aumento de los salarios, que a su vez fortalecería nuestra economía en beneficio de las empresas y del crecimiento económico en beneficio de todos.