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A DOS FUEGOS

Alejandro Zapata Perogordo.- El hartazgo ciudadano al observar que la política y los políticos le impiden mejorar su calidad de vida, por el contrario, se lamentan al considerar que los excesos de esas actividades le ocasionan incertidumbres, molestias, enojo e indignación, lo mismo derivado del poder público que de los partidos; así las cosas, es comprensible que ese hartazgo responda a bien cimentadas causas.

Las tendencias en el uso y abuso del poder, aunado a la lucha por obtenerlo, en términos generales se puede afirmar que han traspasado -con mucho- las fronteras de la ética, han roto las más elementales reglas de la moral y ello se ve reflejado en prácticas y conductas poco democráticas, alejadas de convicciones, ideales o propuestas congruentes con las doctrinas y principios que dicen profesar, la única regla es conseguir votos a como dé lugar.

Ese proceso de descomposición lo atribuyo específicamente a dos causas: la primera consiste en el retorno del partido oficial, cuya misión suprema tiene por objeto la conservación del poder a costa de lo que sea; la segunda, es el contagio de los partidos políticos de oposición, que han seguido las mismas prácticas del partido oficial a través de los sistemas corporativistas y compra de votos, dejando de lado los segmentos sociales que tradicionalmente los apoyan y apartándose de abanderar causas ciudadanas que despertaban las conciencias.

Los institutos políticos de oposición se han dado cuenta de lo anterior y, por lo tanto, están conscientes de la necesidad de replantear sus propias estrategias, pues competir en ese esquema además de desdibujarse, tratando de imitar lo ajeno, simplemente los mete al terreno contrario, donde no existe identidad ni distingo.

No debe dejarse de lado que pese al desgaste y descrédito del partido oficial, éste cuenta con una estructura importante y competitiva, operadores especialistas en la cooptación de votos y la manipulación electoral, además de que cuentan con sobrados recursos económicos para ello.

Por otra parte, resulta interesante la coyuntura que actualmente se presenta, que abre las puertas para apelar a la conciencia ciudadana de realizar un profundo cambio en las instituciones y estructuras gubernamentales y sanear la actividad pública. Ese hartazgo social es evidentemente producto de una clara insatisfacción, con sentimientos de coraje e indignación y por consecuencia esperan una profunda transformación de la actividad pública.

La disyuntiva actual es desesperanzadora; por un lado el regreso del partido oficial, con sus vicios de siempre, solo que ahora superados y; los partidos de oposición atorados en el laberinto de un excesivo pragmatismo.

Aquel que sea capaz de tocar la conciencia ciudadana y despertar a la sociedad de su marasmo, será también quien tenga la responsabilidad de definir el destino del país, las condiciones están dadas, lo único que no se permite es seguir igual.