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La Catedral de Notre Dame

Walter Schaefer.- “Estoy muy triste por la noticia pero agradecida por haberla conocido y feliz de conservar estos recuerdos”, fueron las palabras de mi hija en las redes sociales al compartir imágenes de nuestro recorrido por el sitio.

Aquel día, 7 de enero del año 2015, coincidentemente encontramos las puertas cerradas y una lluvia ligera y constante al tiempo que la prensa y la policía cubrían la plaza -algo similar a este día 15-. Inicialmente consideré la posibilidad del fallecimiento del Arzobispo, mas bien pronto haciendo tiempo en desayuno nos enteramos de la masacre en el irreverente diario Charlie Hebdo.

Felizmente fue posible ingresar a media mañana recorriendo incluso la habitación del tesoro y posteriormente los alrededores del inmueble ya que, inusualmente, la fachada principal es lo menos atractivo.

Tan sólida y eterna como se ve -su construcción inició en el año 1163-, ha sufrido en el transcurso de la historia. El 24 de mayo de 1871, durante la revuelta de la Comuna de París sufrió un intento de incendio y se utilizó incluso como almacén de granos.

Las reliquias -la Corona de Espinas de Jesucristo, así como un trozo de la cruz y un clavo- fueron resguardadas temporalmente en la Biblioteca Nacional, en tanto que, durante la Segunda Guerra Mundial, los vitrales hubieron de ser retirados y puestos a buen recaudo.

Aun cuando no en riesgo la integridad del inmueble, otras desgracias se sucedieron: La hoguera a Jacques de Molay, gran Maestre de la Orden de los Templarios, el cual emplazó a comparecer ante el Tribunal de Dios a los instigadores -el Papa y el Rey-, los cuales efectivamente fallecieron en el plazo de 30 días.

La muerte en pleno recital del organista titular Louis Vierne en el año 1917, así como el suicidio de la mecenas Antonieta Rivas Mercado, hija de Antonio Rivas Mercado el constructor de nuestra Columna de la Independencia, originada por la indiferencia de José Vasconcelos y la pérdida de la tutela legal de su primogénito. El sitio exacto fue marcado en las baldosas del atrio.

Los momentos de pena continuaron con las honras fúnebres de los presidentes Charles de Gaulle, Georges Pompidou y Francois Mitterrand.

Por el contrario, faustos acontecimientos se llevaron a cabo, tales como la coronación de Enrique IV en el año 1429, la de Napoleón Bonaparte en diciembre 2 de 1804, así como la beatificación de Juana de Arco.

La Catedral, que insólitamente jamás ha sido considerada Basílica Mayor, mide 127 por 48 metros, fue consagrada a la Virgen María o Nuestra Dama (Notre Dame), la cual se reproduce en el interior treinta y siete veces, se ubica en la llamada Isla de la Ciudad, aunque realmente no lo sea. Su domicilio legal es 6 Parvis Notre Dame. Frente a ella se marca un punto que es el centro geográfico de la ciudad de París.

Es el monumento más visitado de la ciudad, con treinta a cincuenta mil ingresos diarios libres de costo,  caso contrario a la Catedral de Canterbury, en Londres, donde la entrada se comercializa en grande.

La apariencia distintiva de Notre Dame la constituyen los medios arcos externos cuya función, más que estética, es de refuerzo a los muros. Las Gárgolas fueron añadidas a mediados del siglo XIX, las cuales a pesar de su bella fealdad son compañía de las terminales de desagüe.

Sus doce campanas tienen nombre propio. La mayor, Emmanuel, pesa trece mil doscientos setenta y un kilos. Si desea usted ver de cerca campanas y gárgolas solamente deberá ascender trescientos ochenta y siete escalones.

En el reciente incendio, que afortunadamente preservó su esencia, el Capellán de la Brigada de Bomberos, Jean Marc Fournier, logró rescatar las reliquias y el Santísimo Sacramento.

Como un obsequio del destino, una semana antes habían sido retiradas alrededor de la aguja que colapsó, dieciséis estatuas que fueron trasladadas a otro sitio para restauración.

¡¡Larga vida a Notre Dame!!

La Catedral de Notre Dame
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La Catedral de Notre Dame

Walter Schaefer.- “Estoy muy triste por la noticia pero agradecida por haberla conocido y feliz de conservar estos recuerdos”, fueron las palabras de mi hija en las redes sociales al compartir imágenes de nuestro recorrido por el sitio.

Aquel día, 7 de enero del año 2015, coincidentemente encontramos las puertas cerradas y una lluvia ligera y constante al tiempo que la prensa y la policía cubrían la plaza -algo similar a este día 15-. Inicialmente consideré la posibilidad del fallecimiento del Arzobispo, mas bien pronto haciendo tiempo en desayuno nos enteramos de la masacre en el irreverente diario Charlie Hebdo.

Felizmente fue posible ingresar a media mañana recorriendo incluso la habitación del tesoro y posteriormente los alrededores del inmueble ya que, inusualmente, la fachada principal es lo menos atractivo.

Tan sólida y eterna como se ve -su construcción inició en el año 1163-, ha sufrido en el transcurso de la historia. El 24 de mayo de 1871, durante la revuelta de la Comuna de París sufrió un intento de incendio y se utilizó incluso como almacén de granos.

Las reliquias -la Corona de Espinas de Jesucristo, así como un trozo de la cruz y un clavo- fueron resguardadas temporalmente en la Biblioteca Nacional, en tanto que, durante la Segunda Guerra Mundial, los vitrales hubieron de ser retirados y puestos a buen recaudo.

Aun cuando no en riesgo la integridad del inmueble, otras desgracias se sucedieron: La hoguera a Jacques de Molay, gran Maestre de la Orden de los Templarios, el cual emplazó a comparecer ante el Tribunal de Dios a los instigadores -el Papa y el Rey-, los cuales efectivamente fallecieron en el plazo de 30 días.

La muerte en pleno recital del organista titular Louis Vierne en el año 1917, así como el suicidio de la mecenas Antonieta Rivas Mercado, hija de Antonio Rivas Mercado el constructor de nuestra Columna de la Independencia, originada por la indiferencia de José Vasconcelos y la pérdida de la tutela legal de su primogénito. El sitio exacto fue marcado en las baldosas del atrio.

Los momentos de pena continuaron con las honras fúnebres de los presidentes Charles de Gaulle, Georges Pompidou y Francois Mitterrand.

Por el contrario, faustos acontecimientos se llevaron a cabo, tales como la coronación de Enrique IV en el año 1429, la de Napoleón Bonaparte en diciembre 2 de 1804, así como la beatificación de Juana de Arco.

La Catedral, que insólitamente jamás ha sido considerada Basílica Mayor, mide 127 por 48 metros, fue consagrada a la Virgen María o Nuestra Dama (Notre Dame), la cual se reproduce en el interior treinta y siete veces, se ubica en la llamada Isla de la Ciudad, aunque realmente no lo sea. Su domicilio legal es 6 Parvis Notre Dame. Frente a ella se marca un punto que es el centro geográfico de la ciudad de París.

Es el monumento más visitado de la ciudad, con treinta a cincuenta mil ingresos diarios libres de costo,  caso contrario a la Catedral de Canterbury, en Londres, donde la entrada se comercializa en grande.

La apariencia distintiva de Notre Dame la constituyen los medios arcos externos cuya función, más que estética, es de refuerzo a los muros. Las Gárgolas fueron añadidas a mediados del siglo XIX, las cuales a pesar de su bella fealdad son compañía de las terminales de desagüe.

Sus doce campanas tienen nombre propio. La mayor, Emmanuel, pesa trece mil doscientos setenta y un kilos. Si desea usted ver de cerca campanas y gárgolas solamente deberá ascender trescientos ochenta y siete escalones.

En el reciente incendio, que afortunadamente preservó su esencia, el Capellán de la Brigada de Bomberos, Jean Marc Fournier, logró rescatar las reliquias y el Santísimo Sacramento.

Como un obsequio del destino, una semana antes habían sido retiradas alrededor de la aguja que colapsó, dieciséis estatuas que fueron trasladadas a otro sitio para restauración.

¡¡Larga vida a Notre Dame!!

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