Desgaste del PRI, un gran peso político

Dr. Arturo Castro.- Con pena vivimos los tiempos actuales en materia pública, la sociedad está cansada de la política y de los políticos y aún más de los no políticos. Estamos acostumbrados a aguantar el peso de la historia, el peso del momento y el posible peso del futuro, hemos participado en la vida pública mucho tiempo entre líderes y pueblo; entre gente honesta y ladrones; entre buenos y malos gobiernos; entre hombres y mujeres cuyo patrimonio político ha representado altibajos extremos.

Los otros tiempos eran de unidad social ante una serie de embates de lo más disímbolo y con él un trabajo conjunto para salir adelante, fue interesante en su momento, pero llegó la transparencia propiciada por las nuevas tecnologías y reconoció el verdadero empoderamiento de algunos políticos como lo fueron otros antes sin problema alguno; lo indebido en la función pública, la avaricia de poder, llenarse a lo grande y el más grave error fue el de no trabajar, ni tener liderazgo social, ni administrar lo público al menos con sentido común.

Toda una pesadilla a pesar de los tantos derechos que existen para el individuo, que se ven quebrantados por gobiernos ineficaces, sin propuesta ni inclusión de justicia social o bien común como se quiera ver. Cuando se enaltece la conclusión de que parece imposible un buen gobierno, que alguien pudiera hacer algo bueno, el gobernante se queda sin una opción de ética que lo pueda salvar, sale el yo animal en la sociedad y el ciudadano desquita su frustración sean tirios y troyanos, esto es priistas, panistas, perredistas, morenistas o lo que fuere.

La política es una ciencia y pocos políticos lo entienden, algunos la toman como pasatiempo, desde empresarios, deportistas o comunicadores le entran sin saber a qué, luego se quejan que no hay recursos para gobernar porque no saben obtener insumos y terminan con una cabaña en Hawái al final de su gobierno. La política es una ciencia, también un arte que cuando se entiende, se sirve al pueblo con pasión; cuando se siente se trabaja sin restricción; cuando se vive se disfruta sin renegar del pasado cercano y se avanza o se compone lo que haya que componer.

El poder de persuasión de la política pues, hace que los políticos sean causales de un síndrome de responsabilidad no ejercida por parte de la sociedad que se burla hasta el cansancio del político sin importar su origen partidista o independentista. La sociedad hace Bullying a los representantes populares y aplaude cuando un presentador de un canal local les raya la madre a través de un medio público como el Facebook, pobre sociedad y pobre lenguaje de una persona que pretende hacer opinión pública propositiva y la hace como diría Octavio Paz en el “Laberinto de la soledad”, a través de decir chingaderas. Palabra muy de la mayor parte del México iletrado. Y eso que es empleado de alguien que fue candidato a eso hace algunos lustros.

La política y los políticos del PRI están out y aun así se defiende el derecho que tienen los priistas de seguir adelante en los proyectos inconclusos, ni siquiera iniciados por las administraciones municipales. El desgaste del PRI es el de todos los partidos, es de los expriistas y expanistas, de los independientes que gobiernan hoy una gran urbe como Ciudad Juárez.

La corrupción es un detonante específico del repudio social, es importante pero la ineficacia lo es también, tenemos escuelas, calles y glorietas en despoblado solamente porque los políticos del pasado urbanizaron sus terrenos, pero llegar al gobierno con la ilusión de gobernar y no tener con qué hacerlo, eso también es corrupción, es engaño a la sociedad, asimismo como los Juan Camaney que le venden ideas a la sociedad y se reflejan como incompetentes ante los problemas de la gran ciudad. Es el uso y el abuso del poder por el poder mismo.

Sin vergüenza asumo la responsabilidad de pertenecer a un partido que ha trastabillado, que se ha llenado de esquiroles y de aprovechados, que se ha enajenado de jóvenes sin ideología, esnobistas por naturaleza por lo que no hay un relevo generacional consciente y responsable. De ahí que los viejos sigan pasando lista en los escenarios que les pongan. La disciplina es una y la complacencia otra, estaría pensando en voz alta.

Si no mejoramos en el corto plazo, se vivirá la vergüenza de ser políticos, de ejercer una mala política. Es un punto fundamental de carácter ideológico que no se soluciona como el de aquel iluminado político tabasqueño que mandó al diablo a las instituciones, pero que no ha quebrado vidrio alguno, según decía en sus mensajes de campaña política en 2018. Retomo de su discurso abrumador, aquella frase de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. El presidente de México solo cree su propia verdad, utiliza el concepto pueblo recurrentemente.

Hay PRI para rato, antes de que desaparezca, no hay un ideólogo que diga lo que se tiene que hacer, solo burócratas partidistas, hijos o sobrinos de viejos priistas hechos en un México de lucha, si no cambia en el corto plazo puede ser verdad que sea parte de la historia.