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La reorganización… con los mismos

Candelario González Villa.- Algunos partidos que fueron derrotados en las elecciones del pasado 1º de julio, se proponen reorganizarse, y cambiando su logotipo, inclusive su nombre, pretenden volver a los valores originarios del propio partido.

Sobre el pretendido retorno a los valores del comienzo, vale preguntarse: ¿existen todavía?, ¿pueden explicitarse para formar los nuevos cuadros que se necesitan para una reorganización radical?

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) es el heredero, con muchas modificaciones, del proceso de la Revolución de 1910. Su ideología se trataba de la afirmación nacionalista que llevó a cabo de manera ejemplar Lázaro Cárdenas.

Su proyecto económico estaba basado en un desarrollo interno de la industria y el campo, como mercado preferencial, por lo que era necesario nacionalizar las fuentes de energía para poder ofrecer a la naciente burguesía industrial un entorno conveniente para su desarrollo.

Sin embargo, al correr de los años todo cambió, una élite sin contacto popular se burocratizó, se separó de las bases campesinas y obrero industriales, y una economía monetarista de mercado externo (que solo pensaba en crear las condiciones de las inversiones y la industria trasnacional extranjera), con estabilidad monetaria por único objetivo, llevó a una desarticulación de la industria nacional (lo que llevó a un endeudamiento exterior descomunal), obligando a importaciones de productos que empobrecieron y desocuparon el campo.

La corrupción y el corporativismo del Partido Revolucionario Institucional y los sindicatos, “charros”, que recibieron dinero del Estado para comprar la adhesión del partido, permitieron a una minería parasitaria nacional constituir la burocracia del Estado sin mayor contacto popular.

El sistema corrupto y sin valores ni principios políticos, se vino abajo el primero de julio e intenta ahora la élite burocratizada del PRI una reorganización profunda. Pero ¿a partir de qué valores o principios, ya que fueron conculcados en casi un siglo de traición al nacionalismo originado por un neoliberalismo importado?

Por su parte, el Partido de Acción Nacional (PAN), tuvo origen en valores y principios honestos como valiente oposición en aquel entonces vigente, cuyo origen ideológico se fraguó entre las dos guerras mundiales, inspirado en parte de las democracias cristianas europeas.

Igualmente traicionó esos principios, de manera muy especial cuando ejercieron la Presidencia de la República en dos ocasiones, cuando imitaron los usos y costumbres corrompidos del Partido Revolucionario Institucional y permitieron la infiltración de los “chapulines” que, sin ninguna ideología de partido, aprovecharon subirse al carro triunfante.

Hoy ostentan una ideología burguesa de clase media, sin valores ni principios, olvidados y escondidos en alguna biblioteca que nadie consulta. ¿Cómo reorganizar un partido que olvidó hace tiempo la honestidad de sus fundadores que supieron arriesgarse y luchar, siendo una minoría despreciada y todavía digna de admiración?

El Partido de la Revolución Democrática (PRD), ahora quiere cambiar de nombre y logotipo, y todo lo que pueda cambiar después de la derrota electoral en el reciente proceso electoral.

Fundado como síntesis de la lucha de la izquierda de todo un siglo, desde los anarquistas del siglo XIX hasta miembros de los partidos radicales de izquierda (la mayoría inspirados en el Marxismo Leninismo, ortodoxia que se evaporó en 1989 con el fracaso del socialismo real, aunque no Marx, que hoy campea como el actual mayor crítico del Capitalismo mundial, y especialmente colonial o dependiente como el nuestro).

Se presentó como una izquierda moderna, ansiosa de vivir y utilizar la política, que se corrompió en luchas de “tribus” que buscaban el “hueso” y que habían olvidado todo contacto serio, crítico y presencial, en medio del pueblo, de los pobres, de los obreros, campesinos, miembros de los pueblos originarios, marginales, feministas, de diferentes opciones de género.

Ahora está convertido en una burocracia autorreferente, que se autodenominó moderna y que coptó al partido hasta matar la “gallina de los huevos de oro” (al no “colgarse” del éxito del que logró la Presidencia el 1 de julio) firmó el acta de su defunción.

El PRD es un partido que perdió hace tiempo sus valores y principios, por lo que su reorganización podrá ser meramente formal o administrativa, pero ya no tiene lugar en el organigrama de los partidos futuros en la vida política de México.

Será difícil la reorganización de los partidos antes mencionados, pues los personajes, las cúpulas de estos institutos políticos, son los autores de la hecatombe que los sacó de la aceptación del pueblo, aunque ahí siguen, incrustados en el papel de parásitos del erario.

El político y el partido sin principios, sin una teoría política o filosofía práctica, no pueden formar a sus militantes, a los miembros de su partido, con la coherencia de un cuerpo social que tiene un contexto teórico del que se desprenden las razones últimas para las decisiones coherentes que deben emprenderse. Una transformación sin teoría concreta, realizable, plegada a las exigencias del pueblo (y de las ciencias práctica y la Filosofía), se diluye con el tiempo.

Los reacomodos político partidistas son una farsa si pretenden hacerse con los mismos personajes.