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Residuos de oposición

Alejandro Zapata Perogordo.- La inminente entrada de la administración encabezada por López Obrador, quien prácticamente ha comenzado a gobernar, tomando con su peculiar estilo diversas decisiones y anticipando acciones a realizar tan pronto arribe formalmente al cargo.

Mientras que el saliente presidente Peña Nieto ha colocado la alfombra roja y sembrado de flores el camino a Palacio Nacional, esperando con ansias la llegada del ungido.

Mientras ello acontece, la menguada oposición, cual estatua de marfil está pasmada e inmersa en su laberinto interno, mucho más preocupada en resolver las diferencias intestinas que en hacer el papel de contrapeso, aunque eso solo sea posible en el ámbito testimonial.

Tal situación es preocupante, los equilibrios en un régimen que se precie de ser democrático resultan esenciales y necesarios, máxime en momentos de cambios inerciales que inevitablemente definirán el destino de nuestro país.

En ese contexto, el debate plural, el intercambio de ideas, la visión de futuro y la reconstrucción del Estado, deben provenir de las diferentes formas de pensar, que en apariencia se sustenta en el sistema de partidos.

Pues bien, podemos afirmar que la oposición es escasa y frágil: la izquierda seria y progresista, necesaria en cualquier régimen democrático, está completamente mermada y agonizante; el PAN, catalogado en el ala derecha, no termina de reconfigurarse y en esa transición ha perdido identidad.

El riesgo deviene de que el movimiento político ganador obedece más a una estrategia antisistémica que a una ideología; es más un actuar que un pensar. En ese mismo tenor podemos afirmar que a la sociedad poco le preocupan los principios doctrinarios, se ocupa mayormente en los hechos.

Ante esa situación de hecho, ante la falta de un sustento ideológico en la toma de decisiones, la lógica indica que serán con afanes de control.

En esa medida, observamos promesas populistas, decisiones centralistas y tendencias de concentración política del poder, inclusive sin necesidad de explicación alguna más allá de una determinación individualista, sin que exista algún destello de la oposición formal, donde exprese su punto de vista, sea para robustecer la posición adoptada o bien, para rebatirla con argumentos sólidos que puedan permear en el ánimo de la sociedad.

Así las cosas, el panorama no pinta bien y seguramente seguirán subiendo de tono mientras la otrora combativa, de principios y convicciones oposición formal, continúe en la esclavitud de la codicia, dejando de lado la trascendente misión de ser obligado contrapeso evitando los recurrentes excesos registrados por la historia nacional.

Se aproxima un nuevo modo de vida, es el resultado de una esperanza reflejada en las urnas; sin embargo, la fe en ello trae consigo una idea previa, de libertad y justicia. En ese sentido es conveniente asegurar en lo posible tendencias balanceadas, que surgen de los equilibrios.

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Alejandro Zapata Perogordo.- La inminente entrada de la administración encabezada por López Obrador, quien prácticamente ha comenzado a gobernar, tomando con su peculiar estilo diversas decisiones y anticipando acciones a realizar tan pronto arribe formalmente al cargo.

Mientras que el saliente presidente Peña Nieto ha colocado la alfombra roja y sembrado de flores el camino a Palacio Nacional, esperando con ansias la llegada del ungido.

Mientras ello acontece, la menguada oposición, cual estatua de marfil está pasmada e inmersa en su laberinto interno, mucho más preocupada en resolver las diferencias intestinas que en hacer el papel de contrapeso, aunque eso solo sea posible en el ámbito testimonial.

Tal situación es preocupante, los equilibrios en un régimen que se precie de ser democrático resultan esenciales y necesarios, máxime en momentos de cambios inerciales que inevitablemente definirán el destino de nuestro país.

En ese contexto, el debate plural, el intercambio de ideas, la visión de futuro y la reconstrucción del Estado, deben provenir de las diferentes formas de pensar, que en apariencia se sustenta en el sistema de partidos.

Pues bien, podemos afirmar que la oposición es escasa y frágil: la izquierda seria y progresista, necesaria en cualquier régimen democrático, está completamente mermada y agonizante; el PAN, catalogado en el ala derecha, no termina de reconfigurarse y en esa transición ha perdido identidad.

El riesgo deviene de que el movimiento político ganador obedece más a una estrategia antisistémica que a una ideología; es más un actuar que un pensar. En ese mismo tenor podemos afirmar que a la sociedad poco le preocupan los principios doctrinarios, se ocupa mayormente en los hechos.

Ante esa situación de hecho, ante la falta de un sustento ideológico en la toma de decisiones, la lógica indica que serán con afanes de control.

En esa medida, observamos promesas populistas, decisiones centralistas y tendencias de concentración política del poder, inclusive sin necesidad de explicación alguna más allá de una determinación individualista, sin que exista algún destello de la oposición formal, donde exprese su punto de vista, sea para robustecer la posición adoptada o bien, para rebatirla con argumentos sólidos que puedan permear en el ánimo de la sociedad.

Así las cosas, el panorama no pinta bien y seguramente seguirán subiendo de tono mientras la otrora combativa, de principios y convicciones oposición formal, continúe en la esclavitud de la codicia, dejando de lado la trascendente misión de ser obligado contrapeso evitando los recurrentes excesos registrados por la historia nacional.

Se aproxima un nuevo modo de vida, es el resultado de una esperanza reflejada en las urnas; sin embargo, la fe en ello trae consigo una idea previa, de libertad y justicia. En ese sentido es conveniente asegurar en lo posible tendencias balanceadas, que surgen de los equilibrios.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)