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Llora secuelas irreparables de incendio

Brasil.- “Una sociedad sin cultura e investigación está fracasada”, se lee en un cartel pintado en colores y con grafía adolescente, adherido a las vallas de contención colocadas por la policía frente al Museo Nacional de Río de Janeiro.

Con el incendio del recinto el pasado domingo, Brasil perdió en cinco horas un acervo equivalente a décadas de investigación, así como piezas milenarias de la Historia.

Tres días han pasado desde que se desatara el incendio, de causas desconocidas, y el olor a calcinado todavía persiste en la Quinta de Boa Vista, el bello complejo jardinero donde se erige el edificio, que fue residencia real e imperial.

El recinto, tomado ahora por camiones cisterna de los bomberos y camionetas de la policía brasileña, es lugar de tránsito de numerosos viandantes que, a medio paso entre la estupefacción y la profunda indignación, miran hacia la fachada del Museo Nacional sin acabar de creerse lo que sucedió.

"Es de las cosas más tristes que ya vivió este país. Porque es un acervo que no es solo de Brasil o de Río de Janeiro, es de la Humanidad. Culturas enteras, memorias de culturas... ¡Estaba ahí!”, se queja, entre lágrimas, María Lucía, una antropóloga formada en el Museo Nacional, mientras mira a los restos del edificio.

“Es el desdén absoluto de la cultura, de la educación, de la ciencia, de la memoria, de la preservación de nuestro patrimonio... nuestro patrimonio se construye todos los días. No es una cosa del pasado”, agrega esta mujer, junto a la estatua de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

Los bomberos siguen trabajando en extinguir cualquier pequeño foco de fuego, pues la temperatura y el material inflamable fueron de tal tamaño que todavía entre los escombros hay brasas que podrían calcinar lo poco que sobró.

En paralelo, la dirección del Museo Nacional trata de acometer un plano de recuperación de lo que haya resistido al fuego y el derrumbe, pero la defensa civil impide búsquedas pormenorizadas, pues hay riesgo de que la estructura –construida en el siglo XIX- se derrumbe.

“Va a ser un trabajo arqueológico para retirar [lo que sobró], porque hay mucho material”, explicó la vicedirectora, Cristina Serejo, quien evaluó en un 90 por ciento la pérdida del acervo de 20 millones de piezas con la que contaba esta institución.

Los científicos contienen la respiración para que, al menos una parte, pueda ser recuperada, quién sabe si incluso una de las piezas más emblemáticas: el cráneo de “Luzia”, un fósil humano con cerca de 11 mil 500 años de antigüedad.

Ello porque ayer los bomberos y científicos lograron, durante una peligrosa incursión a la zona derrumbada, recuperar “fragmentos de huesos” en una sala donde había numerosos objetos, lo que alimenta la esperanza de que sea “Luzia”.

Hallado en la década de 1970 en la ciudad de Pedro Leopoldo, en la región arqueológica de Lagoa Santa, en el central estado de Minas Gerais, “Luzia” es considerada como uno de los fósiles más antiguos de las Américas.

Mientras, con la opinión pública incrédula sobre lo sucedido, emergen detalles que explican por qué se quemó en Brasil un símbolo de su historia y uno de los acervos museísticos más importantes de América del Sur.

La fiscalía brasileña reveló que un arquitecto anónimo denunció este año el mal estado de las salas del museo, cerrado parcialmente a las visitas, e incluso aportó fotografías en las que se ven empalmes rudimentarios de cables eléctricos, goteras en el tejado y un estado de dejadez incompatible con la importancia del lugar.

Una situación que, según los gestores, se debe a que no había dinero para hacer más: desde 2013 no recibían los 520 mil reales (unos 130 mil dólares) estipulados para las obras de mantenimiento, y en lo que va de 2018 apenas llegaron 13 mil dólares.

La realidad, sin embargo, es que los gestores del Museo Nacional a finales de la década de 1988 ya denunciaban la falta de dinero y la necesidad de obras estructurales, al tiempo que los periodistas criticaban la expansión de las termitas que amenazaban vigas, puertas e incluso las momias egipcias.

El gobierno del presidente Michel Temer, muy criticado por las continuas reducción del presupuesto para cultura, y por las que se anuncian tras aprobar su controvertida ley para fijar un techo en el gasto público vinculado al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), se defendió asegurando “no faltarán recursos” para reconstruir.

“Ahora hay muchas viudas que lloran”, dijo el ministro de la Secretaría de Gobierno, el controvertido Carlos Marún.

“Esto ha sido el relapso, el desdén que tuvo el gobierno, que en realidad no hace nada por la cultura. De la forma como estaba el Museo por dentro, bien abandonado, qué se podía esperar”, dice por su parte Maria Guimaraes, una mujer de 37 años que pasea por el jardín del recinto, que deberá ahora se reinventado por un Brasil que no acaba de creerse lo que ha sucedido.

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Brasil.- “Una sociedad sin cultura e investigación está fracasada”, se lee en un cartel pintado en colores y con grafía adolescente, adherido a las vallas de contención colocadas por la policía frente al Museo Nacional de Río de Janeiro.

Con el incendio del recinto el pasado domingo, Brasil perdió en cinco horas un acervo equivalente a décadas de investigación, así como piezas milenarias de la Historia.

Tres días han pasado desde que se desatara el incendio, de causas desconocidas, y el olor a calcinado todavía persiste en la Quinta de Boa Vista, el bello complejo jardinero donde se erige el edificio, que fue residencia real e imperial.

El recinto, tomado ahora por camiones cisterna de los bomberos y camionetas de la policía brasileña, es lugar de tránsito de numerosos viandantes que, a medio paso entre la estupefacción y la profunda indignación, miran hacia la fachada del Museo Nacional sin acabar de creerse lo que sucedió.

"Es de las cosas más tristes que ya vivió este país. Porque es un acervo que no es solo de Brasil o de Río de Janeiro, es de la Humanidad. Culturas enteras, memorias de culturas... ¡Estaba ahí!”, se queja, entre lágrimas, María Lucía, una antropóloga formada en el Museo Nacional, mientras mira a los restos del edificio.

“Es el desdén absoluto de la cultura, de la educación, de la ciencia, de la memoria, de la preservación de nuestro patrimonio... nuestro patrimonio se construye todos los días. No es una cosa del pasado”, agrega esta mujer, junto a la estatua de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

Los bomberos siguen trabajando en extinguir cualquier pequeño foco de fuego, pues la temperatura y el material inflamable fueron de tal tamaño que todavía entre los escombros hay brasas que podrían calcinar lo poco que sobró.

En paralelo, la dirección del Museo Nacional trata de acometer un plano de recuperación de lo que haya resistido al fuego y el derrumbe, pero la defensa civil impide búsquedas pormenorizadas, pues hay riesgo de que la estructura –construida en el siglo XIX- se derrumbe.

“Va a ser un trabajo arqueológico para retirar [lo que sobró], porque hay mucho material”, explicó la vicedirectora, Cristina Serejo, quien evaluó en un 90 por ciento la pérdida del acervo de 20 millones de piezas con la que contaba esta institución.

Los científicos contienen la respiración para que, al menos una parte, pueda ser recuperada, quién sabe si incluso una de las piezas más emblemáticas: el cráneo de “Luzia”, un fósil humano con cerca de 11 mil 500 años de antigüedad.

Ello porque ayer los bomberos y científicos lograron, durante una peligrosa incursión a la zona derrumbada, recuperar “fragmentos de huesos” en una sala donde había numerosos objetos, lo que alimenta la esperanza de que sea “Luzia”.

Hallado en la década de 1970 en la ciudad de Pedro Leopoldo, en la región arqueológica de Lagoa Santa, en el central estado de Minas Gerais, “Luzia” es considerada como uno de los fósiles más antiguos de las Américas.

Mientras, con la opinión pública incrédula sobre lo sucedido, emergen detalles que explican por qué se quemó en Brasil un símbolo de su historia y uno de los acervos museísticos más importantes de América del Sur.

La fiscalía brasileña reveló que un arquitecto anónimo denunció este año el mal estado de las salas del museo, cerrado parcialmente a las visitas, e incluso aportó fotografías en las que se ven empalmes rudimentarios de cables eléctricos, goteras en el tejado y un estado de dejadez incompatible con la importancia del lugar.

Una situación que, según los gestores, se debe a que no había dinero para hacer más: desde 2013 no recibían los 520 mil reales (unos 130 mil dólares) estipulados para las obras de mantenimiento, y en lo que va de 2018 apenas llegaron 13 mil dólares.

La realidad, sin embargo, es que los gestores del Museo Nacional a finales de la década de 1988 ya denunciaban la falta de dinero y la necesidad de obras estructurales, al tiempo que los periodistas criticaban la expansión de las termitas que amenazaban vigas, puertas e incluso las momias egipcias.

El gobierno del presidente Michel Temer, muy criticado por las continuas reducción del presupuesto para cultura, y por las que se anuncian tras aprobar su controvertida ley para fijar un techo en el gasto público vinculado al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), se defendió asegurando “no faltarán recursos” para reconstruir.

“Ahora hay muchas viudas que lloran”, dijo el ministro de la Secretaría de Gobierno, el controvertido Carlos Marún.

“Esto ha sido el relapso, el desdén que tuvo el gobierno, que en realidad no hace nada por la cultura. De la forma como estaba el Museo por dentro, bien abandonado, qué se podía esperar”, dice por su parte Maria Guimaraes, una mujer de 37 años que pasea por el jardín del recinto, que deberá ahora se reinventado por un Brasil que no acaba de creerse lo que ha sucedido.

Publicaciones Graficas Rafime S. de R. L. (JMB)